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Saber cómo cocinar sano y preparar correctamente los alimentos antes de cocinarlos es también clave para proteger sus cualidades tanto organolépticas como sobre la salud .


Cocer Las Verduras

Es recomendable lavar las verduras en agua fría antes de cortarlas, para que no pierdan nutrientes (sales minerales y vitaminas) durante el corte. Las verduras deben cocerse en agua salada: las verduras verdes destapadas y las verduras blancas con la cazuela cubierta. Debemos introducirlas cuando el agua está hirviendo a borbotones para que no se oxiden (si se oscurecen es que es se están oxidando). En el momento en el que estén cocidas, se sacan del agua hirviendo y se refrescan bajo un chorro de agua fría, poniéndolas inmediatamente a escurrir para que no queden lavadas en exceso.

El agua de cocción de las verduras contiene parte de las vitaminas y de los minerales. Por ello, este nutritivo caldo lo podemos utilizar para elaborar arroz, sopas o carnes cocidas.


Preparar Ensaladas

Al preparar una ensalada, conviene conservar la mayor cantidad posible de las hojas exteriores oscuras de las lechugas, repollos, coles, etc., ya que al haber estado en contacto con el sol durante más tiempo, es donde mayor concentración de vitaminas hay. Después de preparar una ensalada, si vemos que hay hojas deterioradas para consumirlas crudas, podemos limpiarlas bien y utilizarlas para hacer un puré o una crema.


Freír Correctamente Los Alimentos

Utilizar siempre aceite de oliva virgen y no reutilizar el aceite ya que el exceso de utilizaciones crea en la grasa elementos nocivos para la salud . Para freír un alimento y que quede bien crujiente y sabroso hay que introducirlo cuando el aceite se encuentre a la temperatura adecuada: si el aceite está demasiado frío, los alimentos se empaparán en él y no quedarán crujientes.

Al introducir los alimentos con el aceite a temperatura adecuada se crea una costrita externa que evita que el aceite penetre hacia el interior y que el vapor de agua salga al exterior, con lo que quedarán crujientes y jugosos. Normalmente el pescadito, las croquetas o las patatas fritas deben freírse a temperaturas próximas a 180º C. Otros alimentos con mayor contenido de agua como las verduras, los pimientos, los pescados enharinados y los rebozados o empanados, deben freírse a una temperatura ligeramente menos elevada (alrededor de 160º C). Por último, utilizar un temperaturas más baja (140º C) para los alimentos que por su grosor tardan más tiempo en cocinarse o que requieren de una fritura más lenta.

Introducir siempre los alimentos lo más secos posible y cuando tengamos grandes cantidades de alimentos a freír, no debemos echar muchos a la vez ya que entonces caerá rápidamente la temperatura del aceite. Los alimentos ricos en agua, como los pescados, se pueden recubrir de una película de harina o huevo y pan rallado. Si no lo hacemos así, el vapor de agua ocasiona que no se puedan dorar y freír adecuadamente.